Hace diecisiete años, Umberto Eco se refería a una tarea compleja y -ya en ese entonces- en crisis: la edición y corrección de textos. El paso del tiempo no ha mejorado esta situación, pero al menos esa delicada labor no ha desaparecido en el campo de los libros tal como sí parece haber sucedido en el periodismo.
El tiempo en que los textos eran cuidados con pasión se desvanece. Sin embargo aquellos que acreditan oficio y amor por el hilván entre las palabras correctas, seguirán la lucha.


